martes, 1 de septiembre de 2009

La plaza de los 26 años después

ueves, de mañana. Es una movilización extraña. Hace un cuarto de siglo, cuando en la Playa de Mayo volvíamos a discutir la construcción de una democracia en serio, Buenos Aires no era destino turístico. Ni tango friendly ni gay friendly. Hoy, jueves a la mañana, las combis y micros de las agencias pasan rozando a los grupos que hacen sonar sus redoblantes. Hace un cuarto de siglo Mauricio Macri comenzaba a hacer carrera en las empresas de su padre. Hoy rompe con los carteles amarillos el pavimento de la calle Reconquista para peatonizarla, un poco como propuso Telerman. Hace un cuarto de siglo el Sindicato Argentino de Televisión se llamaba Sat. Hoy se llama Sat-Said, Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales Interactivos y de Datos. Hay que ver el quilombo que meten los redoblantes de esos compañeros; un quilombo altamente metafórico: ellos hacen, son la televisión. Pero no los vemos nunca, no los escuchamos nunca, no salen por la tele.

Hace 26 años no sólo que no existían Internet, Macri y la Buenos Aires turística. La comunicación masiva no terminaba de constituirse en problema civilizatorio, no tenía la centralidad que tiene hoy, proporcional y enancada en la debilidad institucional, política y cultural de nuestras sociedades. Hace 26 años que decimos, que pretendemos hacer que apostamos a robustecer la democracia. A la hora de ayudar a hacerlo democratizando la comunicación, la oposición y unos cuantos periodistas de tiro corto se esconden en el sambenito temeroso: “No es el momento”.

Hace 25, 26 años, todavía sangrando los recuerdos de las tensiones entre “la burocracia” y “la Tendencia”, nadie hubiera imaginado a camioneros y municipales compartiendo amistosamente espacio público –sin que de eso necesariamente se puedan procesar significados trascendentes– con antiguos combativos, los que volvieron del exilio, Carta Abierta y mil fragmentos de sociedad representados en otras tantas organizaciones: el movimiento Octubres, la radio de las Madres y la del Bajo Flores, las columnas de la CTA, la Túpac Amaru, Peronismo Militante, la Federación de Tierra y Vivienda, la Cositmecos. Todo ese paisaje inmenso es reducido en Telenoche a la expresión “activismo kirchnerista”. Con la astucia que les conocemos, a la hora de buscar una voz que hable por ese conjunto, Canal 13 elige a Luis D’Elía, La Gran Bestia Nack & Pop, según guiñó el domingo pasado el suple Ni a Palos. Hace 26 años no había piqueteros.

Pasa otro grupo con redoblantes que entona un cantito: “O estás con el pueblo o estás con Clarín”. La consigna hace a ciertas disfuncionalidades en la batalla estratégica por comunicar mejor el proyecto de ley de servicios audiovisuales. Esta pelea de un cuarto de siglo es mucho más, inmensamente más que una “guerra con Clarín”, de la que se agarran unos cuantos para recelar, sospechar, excusarse, esquivar el bulto, confundir –por imbecilidad, miedo, hipocresía, oportunismo– periodismo con holdings.

Me encuentro con un compañero valioso que edita la revista Zoom. Está pegando un cartel, envolviéndolo en una columna de alumbrado.